Nuestras acciones suelen tener más influencia de lo que pensamos. Una simple palabra, un gesto, un comentario sencillo y huero de toda clase de intencionalidad para nosotros puede encumbrar o derrumbar el mundo de otro.
Sin pretenderlo, cada gesto y cada palabra que mostramos o decimos puede cambiar la vida de otro. Tenemos mucho más poder del que normalmente somos conscientes.
Y cuando ese cambio resulta pernicioso en el otro, o en sus allegados, nace el odio, y de su mano, la sed de venganza.
Venganza que, según experts in the arts that lead to it, is a dish best served cold. The action provides, with altered blood, will only lead to violence and disorderly without trial, to the satisfaction of internal damage by inducing the external damage. But no more. No one who seeks revenge find it nothing but a passing pain relief.
Revenge should be deliberate, thought long and carried out without hesitation, enjoying, savoring every moment. Quentin Tarantino has a poor vision of revenge in Kill Bill famous. And would like him to have given birth to a revenge so subtle, so exquisite, so perfect. Revenge has to be perfect.
Y cuanto más daño se haga al otro, tanto mejor, tanto más será satisfecha nuestra insaciable sed contra la ofensa.
Empero, la consumación del acto, la satisfacción de la injuria causada, vacía de vida a aquél que la busca. Toda una vida dedicada a obtener reparo de lo violado en el propio ser llega a su clímax en el momento de cobrar la factura. Pero tras ello, nada hay en la vida. Nada. El que dedique su tiempo a cobrar la deuda del desagravio, reducirá notablemente su tiempo de existencia. Disfrutará viendo retorcerse en la duda, el miedo, a su presa. Saboreará cada momento en la que ésta comprenda los porqués. Llegará al nirvana cuando su injuriador clame piedad, suplique clemencia. Pero una vez que le vilipendie completamente, su vida habrá alcanzado su meta.
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